Esta semana, Trendy volvió a ser tendencia. No por un lanzamiento. No por una colección. Sino por algo mucho más delicado: la percepción.
La marca realizó una activación en una universidad privada. Luego, tras comentarios en redes pidiendo que visitaran el SENA, fueron también. Hasta ahí, todo suena bien. De hecho, suena inclusivo.
El problema no fue ir.
El problema fue lo que el público comparó.
En un lugar entregaron un tipo de producto.
En el otro, algo diferente.
Y aunque internamente la decisión probablemente fue logística o estratégica, externamente se leyó como jerarquía. Y ahí empieza la verdadera lección.
Las marcas no controlan la conversación, controlan el contexto
Cuando una marca tiene alcance masivo, cada acción se convierte en símbolo.
Trendy no es una marca pequeña. Tiene comunidad, tiene influencia, tiene recordación. Y cuando una marca así visita espacios que, en el imaginario colectivo, representan distintas realidades sociales, la sensibilidad se multiplica.
El público no analiza inventarios.Analiza lo que ve y lo que vio fue diferencia.
La intención no protege de la interpretación
Es muy probable que no haya habido mala intención.
De hecho, el hecho de escuchar comentarios y luego asistir al SENA demuestra apertura.
Pero en marketing hay una verdad incómoda:
La intención vive dentro de la empresa.
La percepción vive fuera de ella.
Y la percepción siempre pesa más.
Cuando reaccionas rápido, debes pensar más lento
Responder a la comunidad es una buena práctica.
Pero hacerlo sin diseñar la narrativa completa puede generar vacíos. Y el público odia los vacíos.
Porque cuando no explicas el porqué, las personas lo llenan con su propia interpretación. En activaciones sensibles, hay tres caminos seguros:
- Mantener coherencia en lo que entregas.
- Comunicar claramente que son dinámicas distintas.
- Construir una narrativa macro (tour, campaña, concepto unificado). Cuando eso no ocurre, la comparación se vuelve inevitable.
Las marcas con influencia tienen mayor responsabilidad simbólica
Trendy suele generar conversación. Y eso es poder.
Pero el poder en marketing no solo amplifica ventas, también amplifica errores.
Entre más querida o visible es una marca, más expectativa social recae sobre ella. No solo se le exige calidad, se le exige coherencia. Y eso cambia las reglas del juego.
La gran enseñanza para quienes trabajamos en marketing
Este caso no es sobre cancelar.
Es sobre aprender.
Nos recuerda que:
- No basta con hacer algo correcto, hay que comunicarlo correctamente.
- No basta con escuchar a la comunidad, hay que anticipar el impacto.
- No basta con tener buenas intenciones, hay que diseñar la percepción.
En una era donde todo se compara en segundos, la coherencia se vuelve estrategia. Y quizás la lección más importante es esta:
Las marcas ya no solo venden productos.
Venden postura, narrativa y sensibilidad social.
Y eso exige un nivel de conciencia mucho más alto.
Al final, lo que pasó con Trendy no es un escándalo, es un recordatorio de que el marketing no vive en las oficinas.
Vive en la mente de las personas. Y cuando una marca tiene influencia, cada decisión deja huella.
La pregunta no es si hubo mala intención. La pregunta es: ¿qué aprendemos de esto como estrategas, como creadores y como marcas?
Porque crecer también es ajustar.
Y en marketing, cada conversación incómoda puede convertirse en una mejor estrategia.
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