Colombia empezó el 2026 con un video viral que, para ser sinceros, se veía más como una escena familiar que como un contenido pensado para romper internet: una familia caleña, la madrugada del 1 de enero, corriendo por la calle con un avión de cartón con el logo de Avianca. Literalmente llevaron el tradicional agüero de “salir con maletas para atraer viajes” a otro nivel creativo.
Nadie pensó que eso iba a salir en medios. Nadie pensó que Avianca iba a aparecer. Nadie pensó que terminaría en un viaje real para toda la familia. Pero pasó. Y ahí está la belleza del asunto.
De las calles al social feed
La escena fue captada por un vecino (porque en Colombia siempre hay un vecino grabando) y subió a TikTok.
En cuestión de horas pasó de ser un chiste de barrio a convertirse en meme, en noticia y en tendencia.
Lo poderoso es que no hubo estrategia, no hubo pauta, no hubo influencer, no hubo intención comercial.
Hubo algo más difícil de fabricar: el insight cultural.
Porque correr con maletas es un ritual colombiano. Y armar un avión es un upgrade creativo.
Y los rituales, cuando se exageran, son contenido.
La publicidad cuando no se siente como publicidad
Avianca pudo ignorarlo. Pudo reírse. Pudo repostearlo y ya.
Pero lo leyó distinto: lo vio como una historia. Como un símbolo. Como algo que te hace querer viajar, no porque te están vendiendo, sino porque te estás imaginando la posibilidad.
Entonces hicieron lo que pocas marcas hacen: no forcejearon la conversación, la acompañaron.
Buscaron a la familia, comentaron el video, les ofrecieron el viaje… y la campaña se hizo sola.
De hecho: no fue campaña. Fue un gesto.
Y en marketing, un gesto genuino vale más que un eslogan forzado.
La magia del social-first
Las marcas que entienden el 2026 no empiezan en televisión, ni en vallas, ni en pauta.
Empiezan en las personas.
Y las personas empiezan en su feed.
El proceso del avión de cartón fue así:
Calle → TikTok → X → Medios → Avianca → Viaje → Más redes → Más conversación
No hubo agencia como protagonista. No hubo director de arte.
Pero hubo algo que la publicidad lleva décadas persiguiendo: relevancia cultural.
Cuando la creatividad no nace del marketing
Este caso nos recuerda algo potente:
La creatividad más poderosa no nace en un brainstorming corporativo, sino en la vida diaria.
Las marcas pueden aprender a dejar de perforar al consumidor con mensajes y, en cambio, observarlo.
Las mejores ideas ya existen: solo falta amplificarlas.
Y lo económico: ¿por qué funciona?
Aquí aparece la parte interesante:
La viralidad no fue producto del capital; fue producto del insight.
- Humor → check
- Ritual cultural → check
- Reconocimiento colectivo → check
- Heroe ciudadano → check
- Timing perfecto → check
Si esto se hubiera intentado hacer como campaña, seguramente no habría funcionado.
Porque la publicidad a veces mata lo que la espontaneidad salva
El anuncio más humano no fue un anuncio
Avianca terminó regalando algo que su audiencia ya deseaba: viajes.
No descuentos. No códigos. No “compra ya”.
Ojo con eso.
El marketing funciona mejor cuando la recompensa es coherente con la intención.
Entonces, ¿qué nos dejó este avión?
Que el futuro del marketing no está en hablar fuerte, sino en escuchar más.
Que la cultura es el mejor brief.
Que la autenticidad es la mejor estética.
Y que, en redes, lo humano vende más que lo perfecto.
Y sobre todo: que la publicidad del 2026 no se inventa, se detecta
Hoy el job del marketer ya no es “crear campañas”, sino leer la cultura y amplificarla con criterio.
Porque cuando la cultura hace el primer movimiento, la marca puede hacer el segundo — si lo hace con sensibilidad.
Y ahí está el verdadero aprendizaje que nos dejó un avión de cartón.
Y si llegaste hasta aquí…
Qué maravilla cuando el marketing nos recuerda que no todo se vende, que hay cosas que simplemente pasan, que conectan y que se vuelven historias. Porque al final, para eso existen las marcas: para ser parte de la vida, no para interrumpirla.
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#Legathursday